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A propósito de la dictadura de Chávez
LA
MIOPIA DE LA IZQUIERDA EUROPEA
Asdrúbal Aguiar *
"La debilidad y grandeza de la democracia es que
quien llega al poder gracias a unas normas democráticas puede cambiarlas"
(Antonio Tabucchi, apud. Domenico Chiappe, Golpe a Golpe,
Caracas, 21-12-02)
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No es fácil
hacerle entender a algunos extranjeros sitos más allá de nuestras
fronteras todos los elementos, muy complejos y graves, que inciden en la
severa crisis que hoy acusa Venezuela. Y lo cierto es que nosotros mismos,
los venezolanos, acostumbrados a un estilo de vida signado por la
tolerancia y educados en las prácticas de la libertad - tanto que nuestra
democracia era una de las más reconocidas y prestigiosas del hemisferio -
no pocas veces y de un modo igual nos encontramos confundidos por lo equívoco
y absurdo de las circunstancias que nos gobiernan en el presente.
Ciertos
estratos de la opinión pública europea e incluso, norteamericanos,
aprecian de inaceptable que sectores de la oposición, por muy
representativos que sean, le estén pidiendo a Hugo Chávez que abandone
la Presidencia sin concluir su mandato. Él, en efecto, lo estaría
ejerciendo con base en unas elecciones democráticas. E irritante les
parece, por ende, que supuestos sectores privilegiados - animados por los
medios de comunicación social - cuestionen a un gobernante quien, más
allá de sus defectos o rasgos de personalidad conflictiva, se preocupa
por la suerte de los pobres y excluídos y cuyo liderazgo lo estaría
ejerciendo con una capacidad de convocatoria nunca antes vista en América
Latina.
Esta
postura, que el 80 % de los venezolanos no pocas veces juzga de insensible
y reduccionista, tiene su fuente en la simplicidad con la cual se nos
observa desde afuera y a la luz de unos paradigmas que poco tienen que ver
con los grandes cambios culturales y políticos que se han operado entre
nosotros durante el curso de las últimas décadas. América Latina, en lo
general, sigue siendo vista como el continente de la injusticias sociales.
En otras palabras y al tenor de una literatura muy gastada y atada a la
ebullición ideológica años '60 e incluso anterior, aún seríamos el
territorio esclavista de los latifundios: blancos dominando a negros e
indios; y también el espacio abonado para los "gendarmes necesarios"
y de las groseras contradicciones: países nutridos de ingentes riquezas
naturales y amarrados por dantescos cinturones de miseria y de
analfabestismo.
Así que,
si un militar exgolpista latinoamericano se transforma a la manera de Chávez
en Presidente y tiene arrojos de autócrata, ello sería propio - según
el juicio reposado de algunas naciones industrializadas y de otras sujetas
a su influencia directa - de nuestra condición sociológica de comarcas
del subdesarrollo. Y si el mismo, por lo demás, resulta electo con el
voto mayoritario de su pueblo y asume como compromiso la defensa de los
pobres, antes que un "gorila" o simple "milico" sería
una revelación: una suerte de Mesías, quien habría redimido los pecados
de sus primitivos y corrompidos compatriotas.
De modo que,
cuando la oposición le demanda a Chávez su renuncia o que admita un
adelanto de las elecciones de cara a la peligrosa crisis que - por sus
acciones y omisiones - mantiene al país en el borde de una probable
guerra civil; y cuando, al efecto, alega tal oposición que dicha
alternativa es propia de la democracia, allende los mares sólo se piensa
y concluye en lo ya dicho. No reparan tales naciones ni parte de su opinión
pública, atadas a los estereotipos y desviaciones conceptuales anotadas,
lo que de un modo similar ha sido carne de sus propias realidades: Richard
Nixon, bueno es tenerlo presente, renunció bajo la presión de los medios
de comunicación social norteamericanos y en el marco de un proceso que
nadie tachó de antidemocrático. Y en la Europa parlamentaria, específicamente,
sus crisis políticas y de gobierno son superadas mediante el adelanto de
las elecciones, para evitar así la crisis general del sistema democrático.
2
Hugo Chávez
Frías tiene, como Presidente de Venezuela, legitimidad de origen
indiscutible. Fue electo, a pesar de su inválido juramento, de acuerdo
con las reglas constitucionales del llamado "puntofijismo"
(1958-1998), que tanto ha menospreciado y contra el cual insurgió
mediante el uso de las armas. Tiempo de errores y asimismo brecha de
logros ingentes en el país: El promedio de vida de los venezolanos era de
52 años en 1958, en tanto que para 1998 alcanzaba a los 73 años, una vez
consolidadas las redes de aguas negras y blancas que nutren a la geografía
nacional. Venezuela contaba, en 1955, con 3 universidades públicas,
siendo que para el momento de la elección de Hugo Chávez, los institutos
de educación superior superaban los dos centenares. A su vez, el n° de
camas hospitalarias oficiales era de 20.100 para 1955 y de los 228
hospitales entonces existentes se dio paso, en 1998, a un escenario con
242 médicos por cada 1.000 habitantes. Los hospitales generales se
elevaron a 340 y el fortalecimiento de la atención médico primaria dio
lugar a la apertura de casi 4.000 ambulatorios urbanos y rurales.
Chávez,
pues, a la manera de un caudillo extraído de las páginas de nuestro
aciago siglo XIX, llenó el vacío de conducción que - en la hora nona -
no supieron o no pudieron colmar eficazmente los antiguos partidos políticos.
Pero no fue capaz de identificar y de entender, al margen de los cambios
políticos profundos que debía y se le pedía liderizar, aquéllos
activos que, más allá de las desviaciones de los gobiernos precedentes,
hizo propios e inalienables el pueblo venezolano: Su vocación y disposición
hacia los "consensos" y el sagrado reconocimiento de su "pluralidad"
en el mestizaje común.
Chávez,
eso sí, inauguró su mandato violentando abierta y descaradamente las
reglas del orden constitucional que le permitiera conquistar el poder. Y
ha ejercido su mandato, por lo demás, de espaldas y en abierta
contraposición a las reglas de la misma Constitución de 1999: su obra
magna. "La mejor constitución del mundo", como él mismo suele
calificarla.
No por azar
alguna vez afirmó Chávez, pública y textualmente, ante los asistentes
al Congreso Internacional de Derecho Agrario en noviembre del pasado año:
"La ley soy yo. El Estado soy yo".
3
Al jurar
como Presidente y en declaración expresa que hiciera en momento de tanta
solemnidad, Hugo Chávez acusó de "moribunda" a la Constitución
de 1961 y acto seguido convocó a un referendum popular
"consultivo" para la instalación vinculante de una Asamblea
Constituyente. Le pidió al pueblo, en su decreto de marras, le otorgase
poderes plenos para legislar - a la manera de un dictador - sobre los
asuntos electorales.
Su Asamblea
Constituyente, integrada sin representación proporcional de las minorías,
no solo redactó la vigente Constitución; antes bien, disolvió los
poderes públicos constituídos - incluído el Congreso que fuera electo
junto al mismo Chávez en 1998 - y designó a dedo como sus titulares
provisorios a seguidores del "proceso": luego conocido bajo el
nombre de "revolución bolivariana". Poca preocupación causó
en la opinión pública, es verdad, que la Asamblea hubiese sancionado una
Constitución distinta de la que presentó al pueblo para su aprobación;
ni que la misma fuese votada por menos de un 30 % de los venezolanos.
Menos le sorprendió que el texto en cuestión fuese diferente de aquél
publicado en dos versiones, también distintas y sucesivas, en las Gacetas
Oficiales de diciembre de 1999 y de marzo de 2000.
Tampoco le
incomodó, de manera manifiesta, que los "poderes contralores"
terminasen en manos de los acólitos del régimen, en especial el
Ministerio Público, ocupado aún por el ex Vice Presidente de Hugo Chávez.
Y no protestó el pueblo, airadamente, cuando éste hizo punto de honor
dentro del debate constituyente la deliberancia y el voto de los militares;
la consagración de la desobediencia civil; y, por si fuese poco, el
establecimiento de la corresponsabilidad civico-militar para la conducción
de la naciente institucionalidad "democrática participativa";
todo ello bajo el principio de la adhesión al poder supremo del
Comandante en Jefe y "líder supremo de la revolución".
A fin de
cuentas y dentro de la mejor tradición hispana y popular, la Constitución,
como texto ordenador de la vida social y política, se acataba pero no se
cumplía. El sentido libertario e igualitario, como pautas de
comportamiento espontáneo habían sido desde siempre los valores que, más
allá de las formalidades jurídicas, venían gobernando el devenir de los
venezolanos.
4
Desde antes
y a raíz de los sucesos del 11 de abril, cuando se produjeron asesinatos
y lesiones a mansalva de casi 120 opositores bajo el fuego de los "Círculos
Bolivarianos" - suerte de Comités Populares de Defensa de la
Revolución, promovidos y organizados desde el Gobierno -; y, dada la
subsiguiente salida fáctica del poder de Hugo Chávez por exigencia de su
Fuerza Armada, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dio cuenta
de toda la absurda y dramática realidad que hoy vive Venezuela: poco
apreciada o entendida en sus dimensiones fuera del escenario nacional. El
texto de su Informe fue revelador:
4. La CIDH
manifestó su preocupación por la polarización de la sociedad venezolana
que tuvo su más trágica y grave expresión en los hechos de abril. 5.
Con relación a la Constitución, la CIDH valoró un número importante de
disposiciones innovadoras... 6. La CIDH agregó que sin perjuicio de esas
reformas, la Constitución incluye diversos elementos que pueden
dificultar la vigencia efectiva del Estado de Derecho. El engranaje
constitucional no prevé, en supuestos importantes, mecanismos de pesos y
contrapesos como forma de controlar el ejercicio del poder público y
garantizar la vigencia de los derechos humanos. Las principales facultades
legislativas fueron derivadas bajo un régimen habilitante al Poder
Ejecutivo sin límites definidos para el ejercicio de la misma...62. La
principal fuente de legitimación democrática es la otorgada por la
voluntad popular expresada en elecciones libres, periódicas y universales.
Sin perjuicio de ello, las elecciones por sí mismas no constituyen
elementos suficientes para asegurar una plena vigencia de la democracia....
63. Si bien las elecciones periódicas constituyen elementos necesarios
pero no suficientes de la democracia, nada justifica la ruptura
constitucional...66. La CIDH considera que la falta de independencia del
Poder Judicial, las limitaciones a la libertad de expresión, el estado
deliberativo en que se encuentran las Fuerzas Armadas, el grado extremo de
polarización de la sociedad, el accionar de grupos de exterminio, la poca
credibilidad de las instituciones de control debido a la incertidumbre
sobre la constitucionalidad de su designación y la parcialidad de sus
actuaciones, la falta de coordinación entre las fuerzas de seguridad,
representan una clara debilidad de los pilares fundamentales para la
existencia del Estado de Derecho en un sistema democrático en los términos
de la Convención Americana y de la Carta Democrática Interamericana. Por
ello, la Comisión urge al fortalecimiento del Estado de Derecho en
Venezuela con la mayor brevedad posible".
Fue sólo
bajo la presión de una verdad incontenible: el masivo despertar de la
conciencia colectiva sobre la reducción de los espacios de libertad y de
la convivencia pacífica en Venezuela y la inminencia de una violenta
ebullición popular, cuando los actores nacionales e internacionales y los
medios de comunicación social tomaron nota de la lista inagotable de las
desviaciones antidemocráticas que han tomado cuerpo durante el mandato de
Chávez. Y hoy buscan explicar hacia el exterior, quizá con algo de
retardo y sin memoria exacta sobre los acontecimientos de los últimos 4 años,
los más recientes "golpes constitucionales" ejecutados por el régimen:
la orden de militarización de la capital venezolana, sin mediar un "estado
constitucional de excepción" y afectando las propiedades
inmobiliarias de los extranjeros; la intervención militar de los fueros
policiales municipales de Caracas; la destitución por una mayoría simple
del oficialismo en la Asamblea Nacional - bajo petición pública del
mismo Chávez - del Vice Presidente del Tribunal Supremo de Justicia; la
transmisión, a través del canal del Estado, de conversaciones telefónicas
privadas de distintos líderes de la oposición; la instrucción de Chávez
a los Comandantes militares, para que no acaten ninguna orden judicial que
contravenga sus dictados presidenciales; la orden dada por la
Superintendencia de Bancos a todas las instituciones financieras privadas,
sin mediación judicial, para que entreguen a la policía política (DISIP)
toda la información relacionada con bienes y operaciones financieras de
los dirigentes de la oposición; en fin, el asalto por los Círculos
Bolivarianos, bajo los auspicios directos del Ministerio del Interior y de
Justicia, de todas las instalaciones de las emisoras privadas de radio y
televisión, algunas de las cuales fueron destruídas.
5
La razón
de fondo de la incomodidad social opositora, militante y mayoritaria
contra el régimen de Chávez nace, en esencia, de la circunstancia antes
anotada: la contradicción insalvable que se da y existe entre la cultura
de la confrontación y de la aniquilación de los adversarios, que es
propia del Presidente dada su formación militar, y la cultura del diálogo
y de los consensos, que prendió en el espíritu democrático del pueblo
venezolano durante el último medio siglo. Y ha sido la ausencia de
contrapesos institucionales internos, dada la adhesión - todavía
presente - de los poderes públicos constituídos al actual mandatario, la
que ha impedido la canalización democrática de la diatriba y del
conflicto políticos atizando la polarización y la violencia.
Los
intentos de Chávez para imponer por la vía de los hechos, sin mediar
consultas con los distintos sectores nacionales y sin respeto por las
minorías, su proyecto de "revolución bolivariana": que
reconoce estar inspirada en los modelos cubano y libio y que no se
encuentra mencionada en ninguna línea del texto constitucional, están en
el origen de su desencuentro con todas y cada una de las organizaciones
sociales del país. Éstas son señaladas por el propio Presidente y ante
sus seguidores como "contrarrevolucionarias" y sus dirigentes
tachados de enemigos del pueblo. Han sido calificados como "objetivos"
de la acción popular revolucionaria y, más luego, de "golpistas"
y de "fascistas".
En la lista
de sus "enemigos" el Presidente fue sumando, sin solución de
continuidad, a sus propios compañeros de la aventura golpista del 4 de
febrero de 1992; a quien fuera su mentor político y organizador del
"proceso", Luis Miquilena; y también a la Primera Dama de la
República. Luego sigueron "todos" los medios privados de
comunicación social y sus periodistas; la Iglesia Católica; el sector
empresarial; las organizaciones sindicales; el movimiento universitario;
los trabajadores petroleros; los viejos y a los nuevos partidos políticos;
las organizaciones no gubernamentales; los gobernadores y los alcaldes no
electos en las planchas de su movimiento V República.
Mas, lo
grave de tal decurso ha sido que en el plano de las expectativas
nacionales que despertó su mandato: la sanción ejemplar de los hechos de
corrupción administrativa y la redistribución más equitativa de la
riqueza, éstas terminaron en una dramática frustración colectiva y sin
precedentes históricos.
No hay una
sola actuación ejecutada por el Gobierno o por los poderes contralores en
el curso de los últimos 4 años, que den cuenta de una firme voluntad de
lucha contra la corrupción administrativa. Son innumerables y muy graves
las denuncias que cursan al respecto: el peculado dentro Plan
Civico-Militar Bolívar 2000; la disposición indebida de recursos del
FIEM; la recepción de fondos ilícitos para la campaña electoral; los
suministros irregulares de cooperación con Cuba; la asignación ilegal de
los bonos de la deuda pública; la sustracción para tareas de
proselitismo político de recursos del tesoro etc.). Y, en el plano de los
símbolos pedagógicos, la acusación que hiciera Chávez sobre los régimenes
pasados por el uso de aviones oficiales y la falta de austeridad en el
gasto público derivó en la inconveniente adquisición por éste de un
moderno y lujoso avión presidencial, en un tiempo signado por la
contracción económica y el incrementó exponencial de la pobreza.
El país ha
revelado índices manejables en el plano macroeconómico (deuda externa
dentro de niveles manejables; reservas internacionales prudentes:14.931 MM
US$; exportaciones petroleras a precios remunerativos: la cesta venezolana
se estima en 24,86 US $; ingresos fiscales durante los últimos 3 años
por más de 100.000 MM US$) que, sin ser óptimos, en mucho se distancian
de los índices negativos que caracterizan a la mayoría de las economías
medias latinoamericanas.
Sin
embargo, el panorama económico y social interno de Venezuela es desolador.
Se encuentra dominado por desequilibrios peligrosos: fueron suspendidos
desde los inicios del régimen los programas sociales vigentes y se ha
dio, en línea contraria, un crecimiento exponencial y sin precedentes de
la deuda pública interna: desde 2.5 hasta 10.5 billones de bolívares. Ha
sido sostenida la devaluación de la moneda: más de 100% en el trienio, y
la caída paulatina de las reservas; el déficit fiscal es de 4% y la
inflación ha sido represada artificialmente y estimada en casi un 40 %;
con un desempleo ponderado en 22 %, equivalente al tercio de la población
activa.
Se han
incrementado los pobres en una cifra de casi 2.000.000 durante el curso de
los tres últimos años; se ha reducido el poder adquisitivo del
venezolano durante 1999-2001, entre un 10 y un 12 %. Además, el
porcentaje de los habitantes que subsiste con menos de un dólar al día
pasó del 18,7% al 23%, y el 47% vive con menos de 2 dólares diarios. La
migración de capitales hacia el exterior es creciente; el 50 % de la
población infantil sufre de algún tipo de anemia; hay, en fin, una caída
del PBI real entre 6 y 6.5%, con tasas de interés activa dentro del
sistema financiero que oscilan entre 32 al 50 %.
Así las
cosas, el gobierno que conduce Hugo Chávez, antes que un Gobierno de
izquierda progresista y comprometido con las clases más necesitadas, no
ha sido otra cosa que un régimen ineficaz, populista, dominado en su
estructura gerencial por militares en actividad o en retiro y quienes, por
obra de sus divisiones y contradicciones internas, se han fracturado en
dos bloques dominantes: uno en el Gobierno y otro insurgente, sin armas y
con micrófonos, que tiene presencia en la Plaza Francia de la capital
venezolana.
6
La Carta
Democrática Interamericana, aprobada por los Estados miembros de la OEA
el 11 de septiembre de 2001, señala un cambio de rumbo en la percepción
que de la democracia y su ejercicio se ha tenido en el hemisferio.
Superado el antagonismo entre las viejas dictaduras y los gobiernos
electos por el pueblo, la región advierte una nueva y más perversa
amenaza para la vigencia de la democracia representativa.
De cara a
la experiencia de Fujimori en el Perú, los Jefes de Estado y de Gobierno
del continente reunidos en la Cumbre de las Américas en Quebec (2001),
hicieron saber que la legitimidad de origen, vale decir, la elección
popular de los gobernantes era y siguiría siendo la condición básica
del ejercicio democrático. Empero, podría dejar de ser suficiente si los
gobiernos nacidos de la voluntad popular pierden la legitimidad de desempeño.
La democracia deja de ser así, a la luz de la mencionada Carta, una mera
técnica o forma de gobierno y se transforma en derecho de los pueblos y
en exigencia ética de la vida social y política.
De acuerdo
con los predicados de la Carta, pues, hoy se le observa a Chávez no haber
respondido a la exigencia de su "desempeño" democrático. La
impunidad reinante acerca de los hechos criminales del 11 de abril y de
los que se repitieron el último 6 de diciembre en la Plaza Francia de
Caracas, con un saldo de tres muertos y una veintena de heridos en las
filas de la oposición, evidencia su irrespeto sistemático de los
derechos humanos y las libertades fundamentales; la omisión de las
diligencias conducentes a la sanción de tales violaciones, por parte del
Fiscal General y del Defensor del Pueblo, ha mostrado la señalada
subordinación de éstos a los dictados del régimen, con menosprecio del
principio de separación de los poderes públicos; el reciente asalto a
los medios de comunicación por bandas callejeras, siguiendo las órdenes
públicas que les diera el Ministro del Interior, hace cierta y una vez más
la falta de garantía para la libertad de expresión y de prensa; el
desconocimiento y la obstaculización por el Presidente de la iniciativa
popular adoptada por dos millones de venezolanos, para provocar un
referendum consultivo que determine si se le solicita o no su renuncia
voluntaria a la Jefatura del Estado, prueba su falta de sometimiendo a los
dictados de la soberanía popular; la insubordinación de los jefes
militares ante toda decisión judicial que contrarie los dictados del Jefe
del Estado y por expresa instrucción de éste, revela la ausencia de
sometimiento del mundo castrense al Estado de Derecho y a la autoridad
civil legítimamente constituída.
En este
orden, el establecimiento de una Mesa de Negociaciones y Acuerdos
presidida por el Secretario General de la OEA y ex presidente colombiano,
César Gaviria, es hoy el mejor mentis frente a la manida tesis de que en
Venezuela estarían confrontando con el Gobierno de Hugo Chávez Frías
sectores golpistas irredentos, fascistas de oficio o empresarios que se
niegan a la supuesta pérdida de sus privilegios. Es la demostración
incuestionable de que en la hora presente la república carece de
contrapesos institucionales que logren decantar, pacíficamente, los
desencuentros políticos que son propios de la vida democrática.
Y tanto es
así que el pasado 16 de diciembre el Consejo Permanente de la Organización
de los Estados Americanos, luego de constatar la evidente y peligrosa
polaridad social que ha hecho presa de los venezolanos, reconoció que la
Coordinadora Democrática de la oposición cuenta con legitimidad
suficiente para discutir y negociar en paridad con el Gobierno de Chávez
la solución constitucional, democrática, pacífica, y electoral que le
ha de poner fin a las graves alteraciones que padece la democracia y el
espíritu de convivencia en Venezuela. En consecuencia, ha urgido a las
partes para que "en negociaciones de buena fe" alcancen tal
solución dentro de la Mesa que cuenta con la facilitación de César
Gaviria.
Los
golpistas y fascistas que señala Chávez como enemigos de su régimen
democrático, a fin de cuentas hoy sólo piden elecciones anticipadas. En
tanto que el ex golpista de otrora se niega a la vía electoral y se
aferra, desesperado, a la tesis de su legitimidad de origen; haciéndose
eco de los fantasmas de una supuesta conspiración y de los intentos de
magnicidio que se fraguarían en su contra.
Es esta, en
suma, la verdad nada simple que deben asimilar y ponderar con más aguda
perspicacia nuestros amigos y observadores internacionales, en particular
quienes, situados en las filas de la izquierda democrática y progresista
del europeismo, equivocan sus percepciones acerca de este militar
primitivo: Hugo Chávez Frías, quien ha secuestrado en sus manos a una de
las democracias de más larga tradición en América y quien apenas es víctima,
eso sí, de su narcisismo, de la drámática división de su "partido
militar", y de la pérdida escandalosa del extraordinario fervor
popular que le llevó a la Presidencia de Venezuela.
Hitler,
encaramado sobre la Constitución de Weimar y Mussolini, manipulando el célebre
Estatuto Albertino, son vivos ejemplos y testimonios de algunos liderazgos
europeos que habiendo emergido de la emoción y de la adhesión popular,
igualmente concluyeron haciendo de sus electores las primeras víctimas de
la insanía dictatorial.
22-12-02
*Profesor Titular de la Facultad de Derecho de la UCAB
Ex Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
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